La estupidez eterna del amor

Durante uno de mis viajes de negocio que realizo constantemente gracias a los vuelos Volaris que nos brinda la empresa donde trabajo, comencé a leer ‘La sombra del viento’, una novela de misterio escrita por Carlos Ruíz Zafón. Mientras me deleitaba con la historia, una de sus frases me atrapó y fue la siguiente: “Quizá por eso la adoraba más, por esa estupidez eterna de perseguir a los que nos hacen daño”. Ésta la dijo Daniel Sempere, el protagonista, después de que se le rompiera el corazón por Clara Barceló. Esto es tan cierto que muchas veces lo confundimos con la frase “todos (o todas) son iguales”.

Vamos por partes. Cuando una persona asegura que todos los hombres o todas las mujeres son iguales, lo hace porque sufrió una decepción amorosa. Lo dicen inmersos en el dolor y el sufrimiento que representa haber sido rechazados por la persona que aman; sin embargo, no se detienen a pensar que quizá el error está en uno mismo, en esa estupidez eterna de aferrarnos a lo que nos hace daño. Sabemos que nos afecta, pero nuestra mente, guiada por el corazón, lo oculta, lo envuelve en esperanza y nos da una vela que servirá como luz para iluminarnos el oscuro camino, lleno de peligros y vientos que en cualquier momento apagarán la llama. Cuando eso sucede, es el fin, no hay cerillas para reencender la vela.

¿Por qué lo hacemos? ¿Por qué luchamos tanto por alguien que sabemos nunca nos responderá con la misma pasión que nosotros tenemos hacía ellos? Por una sencilla palabra: esperanza. Desde pequeños nos enseñan que la esperanza es lo último que muere, que es lo que hace al hombre seguir luchando por sus deseos, aunque éstos lo lleven a un barranco. Yo creo que si bien es bueno tener esperanza, muchas veces nos puede provocar ceguera, aturdimiento de los sentidos, no nos deja ver y entender el panorama completo, sólo nos enseña lo que deseamos presenciar. Nuestros sentidos se bloquean y actuamos por instinto y no por raciocinio.

Daniel Sempere se enamoró en su adolescencia de Clara, una mujer ciega, de gran belleza, amplio intelecto y mayor que él, por varios años. Ella era cariñosa con él, amable, lo que confundió la mente y el corazón del protagonista, y por más que le dijo que no podía haber nada entre ellos, fue hasta que tocó fondo cuando se dio cuenta que debía mirar hacia otra parte. Encontró a la señorita Barceló en la cama con su pareja, quien también era su maestro de música, su corazón se quebró, así como sus ganas de amar.

 

Pero dicen que cuando una puerta se cierra, en algún momento se abrirá otra, quizá mejor o peor, pero hay que seguir tocando para conocer quién está detrás de ella. No quiero que este post te desanimé, al contrario, quiero que entiendas que hay batallas que merecen ser peleadas y otras en las que la derrota es inminente, que pelearlas sólo es desgastarte física y emocionalmente. No pierdas la esperanza, sólo ponla en alguien que valga la pena, porque ésta algún día puede apagarse.